El fanatismo ciega cualquier razonamiento y es contrario a la empatía que, según la neurociencias, es la tendencia natural del cerebro entre los seres humanos. El fanatismo religioso es abominable. Quizá el peor de todos, pues no solo nubla la razón sino que aturde los sentidos y puede conducirnos, como de hecho ha ocurrido tantas veces, a cometer crímenes escandalosos o materializar injusticias monumentales.
Hace unos días el mundo nuevamente se vistió de luto debido al fanatismo ultraderechista reprimido que existe en algunos países de Europa, esta vez en Noruega, el individuo vestido de uniforme de policía identificado como Anders Behring Breivik abrió fuego matando a 68 personas en la isla de Otoya y a 8 en un atentado con bomba en la capital Noruega Oslo, llamando así a defender Europa de la elite marxista y la excesiva influencia del Islam.
En últimos años Europa se ha visto invadida por así llamarlo a la creciente inmigración proveniente de América, Asia y medio oriente aumentando las costumbres algo que no les parece tan cómodo a aquellos conservadores que culpan a los inmigrantes de la crisis que atraviesa Europa en los últimos años.
Quizás estos casos veamos muy seguidos en países de Europa y no muy frecuente escuchar estas noticias en Latinoamérica, será que debe a que muchos estamos predispuesto a la violencia y el desahogo de emociones al instante y no a acumular estas emociones hasta llegar al límite y provocar lo inevitable.
También las religiones reveladas –judaísmo, cristianismo e islamismo- que pregonan con distintas palabras pero con la misma intención el amor al prójimo tienen dificultad para desprenderse de los oscuros rezagos de intolerancia con los que se ha alimentado su historia.
En la actualidad este asunto a salido a relucir notoriamente desde los acontecimientos del 11 de setiembre atribuido a Al Queda pero ese no solo es un ejemplo también podemos añadir a Adolf Hitler y su odio hasta incomprendido por la raza judía.
Basta analizar en los últimos años como ha rebrotado no solo en nuestra ciudad una diversidad de sectas que ofrecen la salvación a todo aquel que quiera aporta una fuerte cantidad de dinero a sus agrupaciones, esto me pensar que en el momento de la verdad quien tendrá razón, porque no veo cual sea el motivo que lleve a las personas a sustentar su existencia en lo que llamamos fe. Algunos coinciden conmigo que nosotros los seres humanos necesitamos creer en algo para de alguna manera sentirnos seguro de nuestros actos y apoyarnos para se incline a nuestro favor y que sea juez de todo lo que deseamos.